Universos paralelos, Michio Kaku

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Micho Kaku es un físico teórico, especialista en teoría de cuerdas y profesor en la Universidad de Nueva York que en los últimos años ha adquirido cierta notoriedad gracias a su actividad como divulgador científico mediante la publicación de un puñado de libros relativamente fáciles de leer para el gran público, en los que cruza conocimiento proveniente de diversos campos (desde los conceptos más duros de física cuántica, la teoría M y la cosmología hasta los lugares comunes más trillados de la filosofía y la religión), con una vocación de futurólogo. La diferencia con un vendedor de baratijas y ungüentos mágicos es que Kaku proviene del área de las ciencias duras y, por tanto, su palabra adquiere una autoridad que no cualquiera puede contradecir. Es la popularidad de Kaku, sumada a su evidente afán de especulación (que muchas veces parece entrar directamente al campo de la ciencia ficción), la que ha producido titulares en medios de comunicación más que respetables del tipo de: “Con un parpadeo nos conectaremos a Internet” o “En veinte años crearemos cualquier tipo de órgano vivo”. Esa autoridad de la que hablaba antes no es solo un halo que envuelve a Kaku, sino un manto que él está muy gustoso en echarse sobre los hombros: “No soy escritor. Soy físico. Cuando afirmo algo es porque existen prototipos. Simples, pero reales”, dice.

En Universos paralelos, Kaku juega a sus anchas. Los dos primeros tercios del libro son bastante disfrutables para cualquiera que tenga curiosidad científica, pero no las bases sólidas de conocimientos matemáticos y físicos que necesitaría para comprender con profundidad conceptos de una inmensa complejidad. Kaku se adentra en dos líneas paralelas de desarrollo: por un lado, la historia de la evolución de las teorías físicas orientadas a la comprensión del Universo y de los avances tecnológicos de la física experimental que sirvieron para descartar o confirmar los distintos caminos teóricos; por otro, la historia del Universo en sí, a la luz de las distintas teorías, un universo que se precipita, según la teoría de la hiperexpansión, a un final de congelación y oscuridad cuando todas las estrellas (incluso las longevas enanas rojas) hayan agotado su combustible nuclear y la temperatura del espacio profundo caiga hasta el cero absoluto. Y entonces: “La expansión cósmica solo dejará un universo frío y muerto de estrellas enanas negras, estrellas de neutrones y agujeros negros. Y en un futuro todavía más lejano, los propios agujeros negros evaporarán su energía, dejando una niebla fría y sin vida de partículas elementales a la deriva. En un universo inhóspito y frío, la vida inteligente es físicamente imposible según cualquier definición concebible. Las férreas leyes de la termodinámica prohíben la transferencia de información en un entorno congelado de este tipo, y toda vida cesará necesariamente”. Ante este final absoluto, Kaku asume la tarea de pensar cuáles son las posibilidades de una civilización que haya llegado a la cima total de su evolución de perpetuarse. Este es el asunto del último tercio del libro, titulado “Huida hacia el hiperespacio”. Aquí, Kaku se lanza en una orgía de especulación desbocada que necesita urgentemente la complicidad incondicional del lector, pues ya no estamos en el área de las teorías que cuentan siquiera con alguna comprobación parcial. No hay nada. Todo son sospechas, elucubraciones que parten de otras elucubraciones que son relativizadas al pasar con comentarios como: “Aunque la supersimetría representa una idea potente, en el presente no hay absolutamente ninguna prueba experimental que la sustente”. Dije que Kaku juega, sí, pero me faltó decir que no juega limpio. En muchas ocasiones cita a otros físicos teóricos, como en este caso, cuando habla de la Teoría M (la teoría de las membranas), la undécima dimensión, etc., y cita a Lisa Randall diciendo: “Las dimensiones espaciales adicionales pueden parecer una idea extravagante y loca al principio, pero hay razones poderosas para creer que realmente hay dimensiones extra del espacio”. Muy bien, querida Lisa, pero ¿cuáles son esas poderosas razones? De inmediato, Kaku engancha su discurso: “Si estos físicos tienen razón…”, y a continuación puede venir casi cualquier idea sustentada únicamente por opiniones que se basan en razones que no se explicitan, tales como: “Los universos de dimensiones superiores son posibles pero es menos probable verlos porque todavía están estrechamente envueltos por cuerdas y anticuerdas”. Cada vez que se encuentra en un camino sin salida, porque el problema se ha vuelto demasiado intrincado o porque la cadena de suposiciones es ya insostenible, Kaku recurre a un par de comodines que parecen funcionar muy bien para casi cualquier cosa: primero, nuestra tecnología no es, todavía, lo suficientemente avanzada para comprobar las hipótesis teóricas más elaboradas; segundo, la esperanza (sic), por ejemplo, de que algunos problemas que son intratables en cuatro dimensiones “puedan resolverse finalmente en cinco dimensiones donde las matemáticas son más sencillas”.

Lo que Kaku propone en el último tercio del libro es pensar que una vez que el universo entre en su fase final, hacia el tenebroso congelamiento, una civilización lo suficientemente desarrollada e inteligente (la nuestra, quizá, si no nos aniquila algún evento de magnitud cósmica y si no nos autodestruimos en el proceso de evolución) podría migrar hacia otro universo, uno más joven y, por tanto, más brillante y cálido. Kaku analiza entonces los complejísimos planes de evasión que esa civilización situada a miles de millones de años en el futuro podría ejecutar para prolongar su existencia, desde hacer brotar otro universo mediante el proceso de calentar a temperaturas inimaginables una pequeña porción de materia hasta construir receptáculos de silicio en los cuales depositar toda la información de esa civilización para enviarla, a través de un microscópico agujero de gusano, hacia un universo paralelo, igual que un roble desperdiga sus semillas. Como juego de imaginación, es sumamente entretenido. Me habría gustado leerlo en forma de ficción. La pretensión de rigor científico es un lastre que el libro no es capaz de soportar si uno se pone apenas un poco estricto y pide algo más que suposiciones, especulaciones y esperanzas. Quizá, cuando la ciencia dura llega al gran público, siempre llega así, pauperizada.

Permítaseme subrayar que cada uno de los lapsos que he mencionado en este proceso supera de tal modo las capacidades que tenemos en la actualidad que puede leerse como ciencia ficción. Pero de aquí a miles de millones de años, para una civilización de tipo Q III que se enfrentase a la extinción, podría ser el único camino posible hacia la salvación.

Calificación: regular.
Título original: Parallel Worlds: The Science of Alternative Universes and Our Future in the Cosmos (2004)
Traducción: Dolores Udina
Editorial Atalanta, 2008
ISBN 9788493576332

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