Teoría King Kong, Virginie Despentes

Virginie Despentes y una amiga suya fueron violadas a los diecisiete años, luego de haber hecho dedo por quedarse sin dinero para regresar a la ciudad en la que vivían. Se subieron a un auto en el que iban tres hombres, que se mostraron simpáticos, y al cabo de unas horas, las llevaron a un descampado y las violaron, mostrándoles un arma de fuego para infundirles un mayor miedo. Cuando uno termina de leer el libro, de lo primero que se da cuenta es de que no hacía falta el arma, ni que fueran tres. Con dos hombres desarmados alcanza para violar a dos mujeres. Porque son hombres y tienen más fuerza, y ellas más miedo. Ahora, la pregunta es: ¿por qué las violaron? Porque el hecho de tener más fuerza explica por qué pudieron violarlas (en el sentido de por qué fue posible que la violación tuviera lugar), pero no el motivo de la acción. Desde la pregunta ¿por qué el hombre llega a ser capaz de violar a una mujer? es que podemos leer este libro.

Antes de abordar la temática en sí misma, cabe hacer alusión a la escritura del libro. A caballo entre la narrativa y el ensayo, pero también del testimonio y las “escrituras del yo”, la primera ruptura de géneros que este libro traza es la de los géneros literarios. Con un sólido peso conceptual (no académico, riguroso ni sistemático, pero sí hondamente reflexivo y amparado por las principales lecturas del área de estudios de género y culturales), este libro es algo así como la novela de una idea: el feminismo.

Desde el punto de vista del feminismo, Despentes plantea un conjunto de temas bien diversos (la prostitución, el cine porno, el punk rock) y los articula con la perspectiva de la mujer. Pero no solo son temas, que eligió abstractamente entre miles de temas que pudo haber elegido. Son partes sustanciales de su experiencia de vida: ella fue prostituta, adaptó al cine su primera novela “Baise moi” con actrices porno, y su adolescencia y juventud la transitó entre toques de punk rock.

En este sentido, propone que la prostitución es la forma que ella, como individuo, encontró para que el género masculino la indemnice por haberla violado. Además propone que nunca fue mejor tratada, mejor considerada, por el hombre que cuando vendió sus servicios sexuales. Aquí una primera conclusión: la mujer gana poder social cuando cuenta con su propio dinero, y cuando gana mucho dinero, tanto como un hombre pudiente.

Al cine porno, a diferencia de al resto del cine (“técnica de la ilusión por esencia”, dice Despentes), se le exige que sea verdadero o se le critica si parece demasiado falso. Además, se lo censura y se lo blasfema hipócritamente, pues habla de nuestros deseos más profundos, nos hace “mojar” sin pasar por el lenguaje o la reflexión; es la expulsión inmediata del instinto sexual, descargada con solo un click del mouse y un paquete de Kleenex. Nada más ni menos que eso. El porno, dice Despentes, “interviene como liberación psíquica”. En sí, no denigra a la mujer, como dice la voz del sentido común, porque no existe “el porno”: existe buen y mal cine porno, como buen y mal “spaghetti western”, buen y mal cine melodramático, buen y mal cine de terror. La tarea de los creadores es hacer buen cine porno. Pero censurar el porno, eso es un error.

Siguiendo con el cine, el comentario analítico de “King Kong” es fenomenal: el gran gorila sería el caos previo a la sociedad binaria de los géneros. King Kong no es ni hombre ni mujer, es el cuerpo inmenso, poderoso, natural, salvaje, pre-civilizado. La mujer que rapta se siente tranquila: está en peligro, paradójicamente, cuando la sociedad la “rescata”.

Sobre el punk rock, apunta que es un género musical y una movida cultural que favorece la libertad de la mujer. Permite comportamientos en la mujer que, en otros contextos, es inmediatamente reprimida y corregida: el punk rock permite a la mujer emborracharse, insultar, escupir, hacer pogo, vomitar, todo eso a la par de un hombre. El espíritu del punk, no hacer lo que te dicen que hagas, es conveniente para aceptar la igualdad de géneros.

Si una debilidad, o un conjunto de debilidades, puede achacársele al libro, es que en su brevedad, en su concisión, intente penetrar en la dificultad de describir el poder en todas sus manifestaciones (a Foucault le llevó largos y eruditísimos tomos), sin aclarar de forma clara y suficiente esas relaciones: Despentes desarrolla el poder machista, a la vez que lo asocia con el capitalismo, con la función del Estado, con la raza blanca, con la religión. A veces no puede darse por sentado que todas esas manifestaciones del poder se relacionan de forma evidente: a veces hay que ayudar a clarificar lo presuntamente “evidente”.

Y, en un momento del libro, a Despentes deja entrever la ideología francesa, moderna, ilustrada: si bien defiende la práctica de la prostitución para equiparar a la mujer económicamente al hombre, cuando describe un videoclip de 50 Cent en el que una negra mueve las “cachas” (la traducción es argentina, y es muy interesante leer el estilo de Despentes, directo y contundente como un piñazo, en español rioplatense), se le escapa el comentario de que está siendo explotada y utilizada. ¿Por qué, con la misma visión de la prostitución, no lee ese baile como el aprovechamiento de la bailarina de su bello cuerpo para ganar dinero rápido y cuantioso? Tal vez por la idea, reprimida pero presente, de que ella, siendo francesa, pudo elegir prostituirse, pero la negra nunca elige, siempre es sometida.

En varias de las críticas que Despentes le hace a la sociedad (el casamiento como prostitución elegante, no admitida: dar sexo por dinero) se nota que Francia no está socialmente tan avanzada como Uruguay, que desde principios de siglo tiene prostitución legal y la mujer no deja de salir a trabajar cuando se casa, además de que el hombre cada vez más se equipara a su esposa en las tareas del hogar. Y si en Uruguay hay violencia de género (y la hay) no está directa ni indirectamente asociada al matrimonio.

Salvando estas objeciones, la lectura de “Teoría King Kong”, a pesar de estar dedicada a mujeres, les sirve a los hombres también. Los interpela y los ayuda a pensarse. Los invita a seguir el modelo de revolución feminista, y hacer la revolución masculinista, por llamarla de algún modo, que elimine los mandatos sociales machistas que recaen sobre el hombre.

Y es muy clara en un aspecto esencial: la libertad individual. No está mal que una mujer elija el matrimonio heterosexual, el ser madre, el verse bonita, arreglarse, depilarse, y seguir patrones estéticos imperantes. Lo malo es que toda mujer, lo quiera o no, se vea obligada a seguir ese curso, si no quiere ser excluida y escupida. Hay una diferencia.

Los primeros años después de la violación, sorpresa penosa: los libros no me eran de gran ayuda. Nunca me había pasado. Cuando, por ejemplo, en 1984 fui internada unos meses, mi primera reacción, al salir, fue leer. Le pavillon des enfants fous, Vol au-dessus d’un nid de coucous, Quand j’avais cinq ans je m’ai tué, y los ensayos sobre la psiquiatría, el internamiento, la vigilancia, la adolescencia. Los libros estaban, hacían compañía, lo hacían posible, decible, compartible. Cárcel, enfermedad, malos tratos, drogas, abandonos, deportaciones, todos los traumas tienen su literatura. Pero este trauma crucial, fundamental, definición primera de la feminidad, “la que se puede tomar sin permiso y debe seguir indefensa”, este trauma no entraba en la literatura. Después de haber pasado por la violación, ninguna mujer había recurrido a las palabras para convertirlo en un tema de novela. Nada, ni que guíe ni que acompañe. No pasaba a lo simbólico.

Título original: “King Kong Théorie” (2006)

Traducción: Marlene Bondil.

Calificación: bueno.

Editorial: Hekht, Buenos Aires, 2013.

ISBN: 978-987-25914-6-5 1.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s