Monasterio, Eduardo Halfon

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Eduardo Halfon (Guatemala, 1971) se ha convertido en uno de los autores más mencionados de la narrativa latinoamericana reciente. Fue uno de los 39 escritores menores de 39 años reunidos en el evento “Bogotá39”, realizado en 2007 como parte de las celebraciones de Bogotá Capital Mundial del Libro de aquel año. Multipremiado y traducido, Halfon es el autor de un grupo de obras, novelas y libros de cuentos, que se ordenan alrededor del abuelo de Halfon, un judío polaco que escapó del exterminio nazi para radicarse en Guatemala.  Halfon vuelve una y otra vez a su asunto a partir de aquel germen: la búsqueda de la identidad de aquel que no es de ningún lugar, se acerca, se aleja, titubea, intenta completar un sentido.

En “Monasterio” todo comienza con la llegada de Halfon (su alter-ego autoficcional, protagonista y narrador) a Israel, junto a su hermano, para asistir a la sorprendente y repentina boda de la hermana de ambos con un judío ortodoxo. Aunque se la presenta como novela, es bastante evidente que “Monasterio” es un conjunto de relatos que encastran entre sí con la suficiente naturalidad como para dar la impresión de que se trata de partes de una historia más grande. Esa historia, dada la naturaleza de los elementos con los que está construida, presenta un aspecto sumamente fragmentado y no consigue completar ninguno de los recorridos que emprende, de forma deliberada se desdibuja cada vez, salta, se repite, vuelve a decir lo que ya ha dicho en un juego de variaciones mínimas que parece emular ciertos procedimientos musicales de improvisación.

Dicho esto, un par de consideraciones: Halfon tiene un tema entre manos que es interesante e importante, además de algunas anécdotas familiares poderosas, pero eso es todo lo que tiene, y lo que hace con ello es pobre y presuntuoso. Su estilo, por ejemplo, sustenta toda su pretensión de musicalidad en el retintín, la repetición rítmica de una palabra una y otra vez, como en un loop. En mí despertó una sospecha que fue haciéndose más fuerte a medida que avanzaba en la lectura: detrás de esta manipulación artesanal del lenguaje no hay nada, el malabar es el único destino, la presunción de que barajar palabras en el aire es suficiente si esas palabras son pesadas en sí mismas, como muro, hambre, odio, exterminio. Las reflexiones de Halfon, además, son sumamente pobres, y llegan al nivel de sentencias como: “Un muro nunca es más grande que el espíritu del hombre que éste encierra” o “se me ocurrió (…) que un muro es la manifestación física del odio hacia el otro”. Cada vez que leía frases como estas tenía que cerrar el libro, mirar el techo y buscar en mí la paciencia necesaria para continuar, casi con vocación penitente.

No sé por qué no me decidía a ir. ¿Miedo a Auscwitz? ¿Miedo a la palabra Auschwitz? ¿Miedo a viajar en tren a Auschwitz? ¿Miedo a volverme parte de las hordas de turismo que van a Auschwitz, de ese turismo deplorable, y amarillista, y que hasta podría decirse que rinde culto a la pornografía de la bestialidad? En cualquier caso, y sin decir cosas indebidas, miedo a algo.

Calificación: regular.
Libros del Asteroide, 2014.
ISBN: 978-84-15625-84

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