Supergods, Grant Morrison

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Morrison
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Este libro es, solo en parte, un racconto sobre la evolución de los cómics, desde la creación de Superman, en 1938, hasta la primera década del siglo XXI. Sin embargo, la historia que aquí cuenta Morrison no es exhaustiva, dado que sus intenciones no son documentales, sino profundamente subjetivas: no hay que perder de vista que esta es el la historia de los cómics según Morrison, una historia atravesada profundamente por elementos autobiográficos e imbuida de su particular visión, no solo de los superhéroes, sino de la vida, la religión, la espiritualidad, y absolutamente todo, pues su mirada sobre el cómic es una mirada que integra sus preocupaciones más arcanas. De todos modos, las primeras dos partes del libro, dedicadas a las edades fundacionales del cómic (la Golden y la Silver Age) sí parecen pensadas para neófitos: son 170 páginas llenas de un amor honesto por una forma de arte bastarda y adorable, un repaso somero a cuatro décadas de producción de mitología pop, el surgimiento de los personajes fundamentales, la historia editorial, las figuras más influyentes del guión y el dibujo, los exitosos, los olvidados.

La tercera parte del libro se ocupa de lo que Morrison llama “La Edad Oscura” del cómic. Una edad en la que el cómic comienza a entrelazarse con la realidad, de modo que los superhéroes han de enfrentar, cada vez más, problemas provenientes del mundo concreto que existía fuera de sus páginas. Morrison ubica como “padres” de la Edad Oscura a Denny O’Neill y Neil Adams, y quizá no haya ninguna imagen más gráfica para representar este comienzo oscuro que la portada de Green Lantern/Green Arrow Nº5, en la Speedy, el sidekick de Green Arrow, aparece convertido en un conspicuo heroinómano. A partir de este punto, según Morrison, la Edad Oscura tiene al menos un poderoso turning point, de la mano de Frank Miller y su Batman: The Dark Knight Returns, que preparó el terreno para el cómic que cambió para siempre la forma de leer los cómics de superhéroes: Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons:

Con Watchmen, Moore lanzó un mensaje devastador a los cómics de superhéroes estadounidenses: “seguid esto”. Gracias a su habilidad clínica y su frío análisis de las egoístas decisiones estadounidenses en materia de política exterior, y disfrazado de historia alternativa de superhombres y justicieros enmascarados, Watchmen llegó directamente al corazón de DC Cómics, para poder así detonar en el corazón del Hombre. Watchmen era un acontecimiento de arte pop capaz de extinguir dinosaurios y asolar planetas, y para cuando todo acabó –aún resuenan sus ecos- la fórmula para los cómics de superhéroes era cruda: evolucionar o morir.

Morrison no es un adulador incondicional de Moore: como parte de la invasión británica (de guionistas, especialmente) a EEUU, Morrison ha sido uno de los competidores directos de Moore. A veces, cuando una obra recibe una aceptación tan unánime como la que Watchmen ha recibido, son los detractores los que pueden venir a decir una o dos verdades diferentes. Morrison le achaca a Moore algunos puntos atendibles:

Al final, para que el argumento de Watchmen fuese algo convincente, se nos pidió que creyéramos que el hombre más listo del mundo era capaz de hacer la cosa más tonta del mundo después de estar pensándoselo toda su vida. Ahí es donde se agota la lógica rigurosa de Watchmen, donde se tira tanto de su ironía que al final se rompe, y acaba su recorrido. Como apoteosis de las historias de superhéroes relevantes y realistas que era, tenía que terminar topándose forzosamente con los muros de su propia burbuja ficticia, con su falta fundamental de autenticidad.

La cantidad de páginas que Morrison se dedica a sí mismo, a su trabajo o a sus amigos y colaboradores más cercanos es inmensa. Estas páginas aumentan en frecuencia a medida que el libro avanza, como si se tratara de un ejército que domina cada vez más territorio. Morrison sabe que es un nombre importante en la industria, pero en este libro se muestra inescrupulosamente decidido a ponerse a la altura de los mejores, férreamente convencido de que lo merece. Y es la certeza de ese merecimiento la que lo lleva a prodigarse en el relato de su experiencia iluminada en Katmandú, que lo llevó a otro nivel de conciencia: “Dejé de acumular explicaciones racionales para empezar a ocuparme de un hecho palpable, del indiscutible efecto positivo que aquel suceso había tenido en mi vida. Katmandú reestructuró mi esencia, y me dio una certeza más fuerte que la fe: todo, incluso aquello que era triste y doloroso, estaba ocurriendo exactamente como tenía que ocurrir”. Cuando llegamos a este punto, el libro pierde interés o adquiere uno nuevo, si es que uno está interesado en la biografía de Morrison y en sus ideas (delirantes o no) sobre la forma en que los universos ficticios modifican el Universo real.

Otro de los motivos por los que el libro se salva de extraviarse para siempre es que, a pesar del caos en el que se sumerge en su cuarta sección, “El Renacimiento”, no se pierde del todo una tesis importante, la de que los superhéroes, en tanto creación lo suficientemente popular y masiva, son capaces de ofrecer señales inequívocas para comprender el fluir enloquecido del zeitgeist de la actualidad. Si se lo piensa desprejuiciadamente, es fácil ver cómo un artefacto como el cómic de superhéroes, en su forma proteica, participa de tantos territorios que puede ponerlos a dialogar de maneras inefables: la política, la cultura, el arte, la ciencia; el superhéroe, el moderno dios del rayo, lo atraviesa todo.

Aprendemos tanto de nuestros modelos, y a veces más de lo necesario, como de la gente con la que compartimos nuestras vidas. Si reforzamos constantemente la idea de que los seres humanos somos aberraciones antinaturales que van a la deriva en un Vacío que no hace más que crecer, esta historia se arraigará en nuestras mentes influenciables y dejará su huella en el arte, la política y el discurso general de nuestra cultura por medios contrarios a la vida, a la creatividad y potencialmente catastróficos.

Calificación: buena.
Título original: Supergods, Our World in the age of Superhero
Traductor: Miguel Ros González
Turner Publicaciones, Madrid, España, 2012
ISBN: 978-84-7506-786-5

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