Rock Springs, Richard Ford

Ford
***

En los diez relatos que conforman este libro, todo es intercambiable. Empecemos por los escenarios: el paisaje central de todas las historias es el de las pequeñas ciudades del interior de los Estados del noroeste de Estados Unidos: Montana, Washington, Idaho y Wyoming, sobre la frontera canadiense. Tierras de lagos y montañas, de ríos alimentados por agua del deshielo, ríos de cauce profundo llenos de grandes peces blancos. Estas ciudades, como Rock Springs, que da título al volumen, no tienen más de cien mil habitantes, las atraviesa una autopista nacional y se estructuran alrededor de una fuente laboral que es el motor de toda la actividad: puede ser la compañía ferroviaria Great Northern Railways, alguna explotación minera o una base de la Fuerza Aérea, pero siempre está allí, en el margen de la ciudad, alimentándola y alimentándose de ella. Cuando los tiempos empeoran y el trabajo escasea, los hombres ocupan más tiempo en cazar y pescar a la espera de que el viento cambie de nuevo, mientras sus mujeres ponen buena cara, los alientan a no desesperarse, mientras ellas sostienen la casa con sus trabajos de camareras en bares de carretera y moteles. Aquí es donde ocurre todo, y esta es la historia que Ford cuenta una y otra vez: las personas cometen errores y las cosas se arruinan; o no los cometen, se limitan a hacer lo que pueden, que resulta no ser suficiente, y las familias se disgregan, las madres huyen, solas o con otros hombres; los padres mueren o terminan en prisión; los hijos observan y dan cuenta de todo, reflexionan masculinamente, se vuelven parcos, se endurecen, se distancian, resisten.

Al revisar la cronología de los libros de Richard Ford, nos encontramos con que Rock Springs apareció en 1987, apenas tres años antes que Wildlife (novela titulada como Incendios en su edición castellana). La línea que une ambas obras es diáfana, de hecho, el gérmen de Incendios está en Great Falls, relato incluido en el volumen Rock Springs. Y ese gérmen no es anecdótico, no se refiere únicamente a lo que pasa (un padre sin trabajo, la madre que ha sido descuidada y se procura un amante, el hijo como testigo atento de la disolución de su familia, disolución que es, en efecto, su expulsión prematura al mundo), sino que se extiende al tono, a la perspectiva, incluso a la forma seca y controlada de manejar los diálogos. En ese aspecto, Incendios y Rock Springs son variaciones del mismo libro tanto como los relatos de Rock Springs son variaciones de un mismo relato. El riesgo que Ford decide correr es el de la monotonía y la previsibilidad. Sus historias no son sorprendentes. No hay un fracaso allí, pero es algo que hay que señalar: la cadencia de los asuntos de Ford se convierte en una monodia elegante y ajustada que termina por asemejarse a recorrer muchas veces una misma carretera y encontrar cada vez algún detalle que había pasado desapercibido hasta entonces, pero se trata de un detalle que no convierte la experiencia del viaje en una experiencia nueva, sino que viene a incorporarse a lo que ya se sabía, con tanta naturalidad que inmediatamente parece tratarse de algo que sabíamos desde siempre.

En mi opinión, hay algunos problemas en Rock Springs. Uno de ellos surge de esa previsibilidad de la que hablé antes, especialmente cuando lo que se vuelve previsible es el moño de reflexión autoconsciente que Ford obliga a sus narradores a hacer, casi siempre al final de sus relatos, con precisión de metrónomo. Y es ese el punto en el que ceden las costuras de la contención y reticencia del estilo de Ford, y lo que ocurre es casi una ruptura de la cuarta pared, el estilo se mueve hacia un registro declarativo que parece adecuado para entregar la enseñanza de la experiencia extraída del relato por parte del narrador. Como si una voz en off viniera a elevarse por encima de la narración para ofrecer sentencias, conclusiones o, incluso, interpretaciones. ¿Por qué ocurre esto? Quiero decir, ¿por qué un autor siente la necesidad de ejecutar este último movimiento? Y si digo “un autor” es porque esa voz en off suena siempre igual y refleja siempre un modo de pensar y ver la vida muy parecido, más allá del personaje al que le toque parlamentar. Es necesario que ejemplifique esta observación. Veamos, entonces, algunos fragmentos a modo ilustrativo. Hacia el final del primer relato, Rock Springs:

“Pensé que la diferencia entre una vida con éxito y una vida fracasada, entre yo en aquel instante y los propietarios de aquellos coches perfectamente aparcados (…) estaba en el grado de aptitud para alejar de tu mente cosas como éstas, lograr que no te abrumaran, y tal vez también en el número de problemas con que tenías que enfrentarte a lo largo de tu vida”.

La frase final de Great Falls:

“Aunque probablemente la respuesta es simple: es la vida baja, cierta frialdad que hay en todos nosotros, cierto desamparo que hace que no entendamos bien la vida cuando en rigor la vida es pura y simple, que hace que nuestra existencia sea como una frontera entre dos nadas, y que nos hace ser idénticos a animales que se cruzan en el camino: vigilantes, implacables, carentes de paciencia y de deseo”.

Otra vez, el párrafo final, en este caso, del relato Novios:

“Pero yo ahora sabía cómo llega uno a ser un delincuente en este mundo, cómo lo pierde todo. De alguna manera, quién sabe por qué, tus decisiones un día dan un vuelco y pierdes dominio de las cosas. Y un día te despiertas y te encuentras en la situación en la que juraste que jamás te encontrarías, y ya no sabes qué es para ti lo más importante del mundo. Y después de eso todo ha acabado. Y yo no quería que a mí me sucediera; jamás pensé, de hecho, en la posibilidad de que llegara a sucederme. El amor era no crear problemas, no ponerse en situación de crearlos. Era no dejar a una mujer porque se ha puesto el pensamiento en otra. Era no llegar nunca a estar donde se juró que nunca se estaría. Y no era vivir aislado, estar solo. Eso nunca. Nunca”.

Esta necesidad de editorializar los relatos es una forma de decir que uno no ha sido capaz de hacer que el texto mostrase lo que debía mostrar. Que si ese era un espacio destinado para ciertos descubrimientos, tales descubrimientos no se produjeron. Estas conclusiones son, entonces, enmiendas o atajos, formas de establecer directamente lo que directamente no pudo ser sugerido. O sí. Y ese es el verdadero problema, porque los relatos son, en su mayoría, lo bastante sugerentes y llenos de escenas poderosas como para no necesitar de epílogos restrictivos.

Coda: “En determinado momento, Hemingway pone en labios del protagonista [de El viejo y el mar] la frase “soy un viejo extraño”, y [Dwight] MacDonald comenta despiadadamente: “No lo digas, viejo, pruébalo”. (fragmento de Apocalípticos e Integrados, Umberto Eco). Más acerca de las opiniones de MacDonald sobre Hemingway: Ernest Hemingway by Dwight MacDonald.

Calificación: buena
Título original: Rock Springs (1987).
Traductor: Jesús Zulaika
Anagrama, Barcelona, 1990.
ISBN: 978-84-339-6769-5

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