Leche caliente, Deborah Levy

Levy
Leche caliente

Todo aquí está en crisis, roto, endeble o torcido; sin embargo, hay esperanzas. La historia transcurre en el verano de 2015 y los efectos de la recesión económica que afectó a la “zona euro” desde fines de 2007 todavía son palpables. Este es el contexto histórico que otorga a la historia un anclaje realista, aunque su tono tienda al extrañamiento. El escenario es el balneario rocoso y desértico de Almería, al sur de España sobre las aguas del Mediterráneo, al que acuden vacacionistas de la parte privilegiada de Europa. Allí se encuentra Sofía, la narradora, una estudiante de antropología de veinticinco años que trabaja de moza en un coffee shop; hija de madre inglesa, abandonada por su padre griego, Sofía es la acompañante terapéutica de su madre, Rose, en su último intento por alcanzar una improbable recuperación para su emporio de dolencias que incluye una intermitente y sospechosa incapacidad motriz. Para eso asisten a una clínica en el desierto, un edificio faraónico de mármol cremoso, paredes de cristal, una alta cúpula, donde atiende el doctor Gómez, que bien puede tratarse de un farsante con veleidades de chamán new age o de un perspicaz detective médico de problemas psicosomáticos (o de una fascinante mezcla de ambos). La ambigüedad en la definición de Gómez como personaje no le es exclusiva, se extiende a lo largo de las páginas hasta impregnar la atmósfera de la novela de una fuerte indeterminación.

La relación de codependencia entre Sofía y su madre hipocondríaca, le otorga a la historia visos de psicodrama. Sofía es un bastón humano en el que su madre descarga todo el peso de su cuerpo, de su depresión añeja, de la amargura por sus decepciones, la primera de las cuales fue el fracaso de su matrimonio. Levy no tiene demasiados reparos al momento de hacer que su protagonista declare la magnitud de su propia frustración: “Quiero tener una vida más grande”, dice Sofía. Y, unas páginas más adelante, de nuevo: “Quería que las olas se llevasen todo lo que había sido mi vida hasta ese momento”. Y aún más adelante, otra vez: “Yo no estoy bien. No estoy nada bien y hace tiempo que no lo estoy”. Y una vez más: “Mi vida no es nada envidiable. Ni siquiera a mí me gusta”. Por esta clase de redundancia es que la novela puede llegar a ser fastidiosa, como si adoleciera del temor de no estar siendo lo suficientemente explícita y lo ahuyentara volviéndose obvia.

Leche caliente está llena de símbolos. Describir las muchas formas posibles de ilación entre esos símbolos excede el espacio de este artículo, sin embargo, hay uno que no puede ser dejado de lado: Medusa. En el comienzo de la novela, una medusa pica a Sofía. Esta circunstancia se repite a lo largo de la trama en una sucesión de variaciones casi jazzísticas. La marca de la picadura en el cuerpo de Sofía adquiere un carácter poderosamente erógeno. Levy parece decir que si el deseo siempre provoca una herida, la herida también puede despertar el deseo. La relación entre Sofía y Juan, el muchacho encargado de aplicar los primeros auxilios en la playa, es puramente sexual: “besó todas las picaduras de medusa que yo tenía en el cuerpo, las marcas y las ampollas, hasta hacer que me lamentase de no tener más”. Mucho más compleja y turbia es la relación que une a Sofía con Ingrid Bauer, una alemana que vive de refaccionar las prendas de segunda mano que compra en España y vende en Alemania como artículos exóticos. Ingrid es una rubia con porte de amazona a quien en su primero encuentro en el baño de un bar Sofía confunde con un hombre. Hay que anotar, también, que Ingrid podría ser una versión joven de la madre de Sofía, pues: “Mi amor por mi madre es como un hacha. Hiere en lo más hondo”. Cuando Ingrid le susurra a Sofía “eres un monstruo”, lo dice seductoramente, como si esa monstruosidad le fuera irresistible. Más adelante le regala una blusa que ha bordado para ella con una sola palabra que Sofía confunde, cree que dice beloved (amada) cuando en realidad dice beheaded (decapitada), pero la traductora elige un par de términos distintos: querida y herida. El error es tan grande que cercena las connotaciones simbólicas al priorizar la verosimilitud de una confusión que fuera posible en español, dejando a un costado el hecho de que Medusa murió decapitada a manos de Perseo.

Si un símbolo puede ocultar a la vez que mostrar aquello que queremos expresar, lo que convierte a Leche caliente en una novela con varias capas de sentido es la forma en que establece relaciones sumamente cambiantes entre su legión de símbolos, como si Levy se complaciera en ver cómo sus ideas se enredan hasta generar significados inesperados. De modo que si Sofía es, en cierta forma, Medusa, también lo es su madre: “…yo te he observado con tanto detenimiento como tú a mí. Es lo que hacemos las madres. Sabemos que nuestra mirada es poderosa, así que fingimos no hacerlo”. La unidad que madre e hija conforman es monstruosa. Ambas están convertidas en piedra a su manera por el dolor, el miedo o la rabia, sí, pero eso no es lo único que las une. Ahí está la esperanza.

Si pudiera, aunque solo fuera por una vez, fulimnaría a mi madre con la mirada y la convertiría en piedra. No a ella en concreto. Convertiría en piedra las constantes referencias a las alergias, los mareos, las palpitaciones y los efectos secundarios. Aniquilaría ese lenguaje y lo dejaría más muerto que a una piedra.

Reseña publicada originalmente en el Semanario Brecha con el título “Dolores de la lactancia prolongada” (07/09/2018)

Título original: Hot milk (2016)
Traductor: Cecilia Ceriani
Anagrama, Barcelona, 2018
ISBN: 978-84-339-8002-1

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.