Contarlo todo, Jeremías Gamboa

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Gamboa
Gamboa

Había escuchado la recomendación de este libro en la columna radial que lleva Natalia Mardero en el programa de Figares en El Espectador. Me quedó la sensación del oleaje que estaba provocando esta novela de un autor que, para los estándares de la literatura, es un juvenil que apenas se asoma a la cuarentena. Creo haber escuchado que contaba con el apuntalamiento de Vargas Llosa, cosa que para algunos podrá ser un demérito pero que se me ocurre relevante, ya que el arequipeño es tan buen escritor que ganó el Nóbel sin decir que es de izquierda y con el rechazo visceral de muchos que dicen que son de izquierda. Por suerte, anoto a modo de tranquilizante, la novela que nos ocupa no es de política.
Se trata del relato de la vida, a partir del ingreso a los estudios terciarios y del primer trabajo en un periódico, de un personaje que se muestra como uno de esos seres castigados por la circunstancia familiar adversa, ha sufrido un fuerte abandono, tiene la contrapartida de que unos tíos benefactores lo acogen y lo impulsan. La adversidad es también fruto del medio social del que proviene, concretamente de las capas desfavorecidas de Lima. Ambos factores confluyen para que el personaje, que narra su historia en primera persona durante la primera parte del libro, tenga la sensación persistente de sentirse una especie de mosca en la leche. Y, si se suma el hecho de que debe estudiar como un animal para mantener una beca universitaria, el periplo de Gabriel Lisboa, nombre con trazas de álter ego, adquiere un cariz heroico y, como hay mucho de los cocainómanos años noventa en la historia, también antiheroico, con lo cual logró convencerme la construcción de la densidad y el relieve del personaje.
Si me dedicara a resumir la trama, podría hacerlo en un párrafo breve. Podría parecer banal. No obstante, el ritmo de la prosa, potente, veloz y efectiva desde la primera página, es el que manda en este libro. Es la historia de un tipo que tiene éxitos trabajosos y fracasos fáciles y, a su vez, de su sufrimiento a la hora de intentar dedicarse a la literatura, a la escritura de narrativa, a la que consagra sacrificios, dudas, frustraciones y renuncias y sobre cuya utilidad o futilidad terminé preguntándome (una vez más), mientras me condolía del patetismo de Gabriel, al que ninguno de nosotros es ajeno, y me unía a las farras con sus amigos, que tan cruciales son. También me quedé pensando, me lo hizo cuestionar una y otra vez, acerca de las oportunidades y los peligros de lo autobiográfico, o lo que al menos parece serlo. Pero esto es nada más que un prurito mío, que me siento tocado en mis culpas, que le dio otra perspectiva a mi lectura, porque oscilaba entre el fragor insomne de la lectura y la objeción tonta. Disfruté mucho. Y me quedo con la pincelada que describe al poeta Antonio Cisneros, que anduvo por Maldonado y nos obligó a todos a tomar con él porque “el poeta Antonio Cisneros no toma solo” y tal vez “carajo”.
Léanlo.

-¿Quién es el hombre masa al que odia tanto Parra?
-Antonio Cisneros -me respondió.
Una hora más tarde, después de despedir a Montero, me fui a la biblioteca a sacar un libro de Cisnerios y lo empecé a leer en una de las salas de lectura, vacía a esa hora. No solo me di cuenta de que podía entender esos poemas como ninguno de los que habían escrito los miembros del taller de Parra sin que además me tocaban de una manera definida. Recuerdo especialmente uno. En él un hombre solitario, parado en el edificio de un campus universitario como el mío, pero en Inglaterra, le escribe una carta a un amigo peruano desde el desarraigo y la vulnerabilidad de estar en un lugar absolutamente alejado de su país y completamente solo. Desde ese edificio -que él llama Torre de Vidrio- divisa las otras torres de los departamentos académicos, las siluetas de los chicos más fuertes que él y de un país próspero que no es el suyo, protegidos por el fuego del hogar, la seguridad, los automóviles que los esperan en los estacionamientos. Yo estaba en una Torre de Vidrio igual a esa, y de alguna manera ese poema, que fue escrito en otro hemisferio antes de que yo naciera, era completamente mío; es decir, me pertenecía. Recuerdo que aquella vez salí de la biblioteca cerca de las diez de la noche y percibí los edificios de la Universidad de Lima como animales luminosos en la oscuridad húmeda de junio. Recuerdo que memoricé rápidamente el poema y que lloré en silencio al volverlo a leer camino a casa. Al día siguiente esperaba con ansias encontrarme en algún momento con la figura huidiza de Santiago Montero para contarle lo que había vivido la noche anterior -salvo el llanto, claro-; para decirle que yo también había entendido la poesía del hombre que él admiraba tanto.

Calificación: muy bueno
Mondadori, Barcelona, 2013
ISBN: 978-987-658-239-1

Las edades de Lulú, Almudena Grandes

Grandes
Grandes
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Esta novela de1989 ganó el premio La Sonrisa Vertical, que le aseguró su publicación en la colección homónima, dedicada al erotismo, de la editora Tusquets. Varios años antes, pues, que las mentadas novelas grises que se popularizaron más de veinte años después en discretos dispositivos electrónicos de lectura y llevadas luego al cine con afluencia masiva de público femenino en el mundo. Parecería ocioso el dato anterior, pero acontece que esta novela de la escritora madrileña abunda en polvos.
Lulú, la protagonista, es la narradora en primera persona de su propia historia, que toma como hitos sus experiencias sexuales, desde su llamativa primera vez hasta su evolución rocambolesca. Existe un ir y un venir de la memoria a través del relato, que alterna entre las épocas de la primera juventud, la adolescencia incluso, y sus treinta años. El crecimiento de Lulú tiene sus mojones narrativos en los encuentros sexuales, desgranados en largas escenas cuya explicitud vale como testimonio de la percepción la niña, la adolescente y la mujer. El lector se ve empujado hacia adelante por la distancia que existe, por ejemplo, entre la secuencia que abre el libro, un relato de una película porno gay, y la primera vez de la chiquilina, con un hombre que la maneja a su antojo.
La prosa es fluida, trabajada para fluir, muy eficiente a la hora de los sacudones, involucra al cuerpo de quien la lee, y más capaz aun para desatar la pregunta acerca de cuál es el mecanismo psicológico y sentimental que pone a moverse a esas pieles compulsivas. Está, por supuesto, el contexto histórico en el que se inserta la publicación de una obra de este calibre, en una España que empieza a deshacerse de los cerrojos de una moral católica retrógrada instaurada por un gobierno totalitario y autoritario. Tal vez con ojos actuales, yo leí allí la inquietud que provoca la asimetría de los géneros, situación dentro de la cual se entiende la postura de Lulú, su exposición creciente a los sadismos masculinos, esquema dentro que ella acepta sin cuestionar, sometiéndose a designios ajenos, colocando al lector en la posición de voyeur inquietamente interrogativo.
Las bondades del libro radican en su agilidad, su fuerza erótica, su cuestionamiento implícito y su construcción inteligente, que permite que los personajes estén dotados, más que de sexos más o menos firmes, de humanidades profundas y pulsátiles.
Me queda pendiente ver la película que se hizo poco después de editado el libro. Se ve que lo de las sobras de Grey es eso, sombras de algo que se ha hecho antes pero, claro, un poco al costado de los grandes circuitos comerciales, tal vez al influjo de otro puritanismo, el anglosajón, acaso más duradero que el español.

Supongo que puede parecer extraño pero aquella imagen, aquella inocente imagen, resultó al cabo el factor más esclarecedor, el impacto más violento.
Ellos, sus hermosos rostros, flanqueaban a derecha e izquierda al primer actor, a quien ya no pude identificar, tal era la confusión en la que aquella radiante amalgama de cuerpos me había sumido. La carne perfecta, reluciente, parecía hundirse satisfecha en sí misma sin trauma alguno, sujeto y objeto de un placer total, redondo, autónomo, distinto del que sugieren esos anos mezquinos, fruncidos, permanentemente contraídos en una mueca dolorosa e irreparable, tan tristes, pensé entonces.

Calificación: muy bueno.
Tusquets, 2011
ISBN: 978-987-1544-98-1

El enigma de China, Qiu Xiaolong

Qiu
Qiu
el enigma de china
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A la narrativa de Qiu Xiaolong, un chino que reside hace largos años en los Estados Unidos, se la puede situar con toda justicia en el mismo escalón de la cadena trófica literaria que la de Henning Mankell, Andrea Camilleri o Petros Márkaris y su antepasado Vázquez Montalbán, a quienes podríamos anotar como representante uruguayo a Pedro Peña. Los detectives Wallander, Montalbano, Jaritos, Pepe Carvalho y el desastrado Agustín Flores cobran tal cariz que llegan a reclamar un relieve superior al de las sucesivas tramas que protagonizan. En la percepción del lector llegan a tener más vida que mucha gente de carne y hueso. El detective estrella de Qiu Xiaolong es el inspector jefe Chen Cao, cuyos rasgos son de lo más interesantes, ya que ocupa su posición en la policía de Shanghai dada su condición de “joven instruido”, en su caso gracias a los estudios de literatura china y de inglés. Sus dotes intelectuales le granjean un sitio privilegiado dentro de la pirámide del poder en un país cuyo partido único lo abarca todo, matizado empero por su ética y su don de gentes, que le generan una tensión constante entre su deber ser y el de las muchas veces inescrutables intenciones políticas. Por otra parte, además de ser un gourmet vernáculo -lo que lo emparenta sobre todo con Montalbano y Carvalho- es un amante erudito de la poesía china, amén de poeta él mismo, lo que nos recuerda al sargento poeta pergeñado por el escritor cerrillense Martín Bentancor, quien ha llegado a la misma combinación contradictoria por un camino enteramente paralelo.
El libro que nos ocupa aquí se encuentra, como era el caso de Seda roja y Muerte de una heroína roja, rebosante de poesía china, cuyas imágenes ofrecen a la investigación -y a la lectura- una densidad filosófica mayor a la acostumbrada en la literatura policial. Los poemas no son adornos gratuitos sino que establecen una relación simbólica con la trama, tanto con la de la investigación como con la del inevitable relato amoroso que vive Chen, quien novela tras novela vive entre la soledad y las hermosas mujeres. Ni hablar de la profusión de platos de la cocina china que atemperan el ritmo del relato, con sus correspondientes explicaciones e historias.
El purista de la narrativa policial encontrará lo suyo, por supuesto, ya que el libro cuenta con los muertos correspondientes y las oscuridades imprescindibles. En este caso, cobra especial fuerza el análisis del entramado del poder en el socialismo capitalista chino, concretamente en el sector inmobiliario, la denuncia de la impunidad de ciertos procedimientos policiales paralelos y la trabajosa válvula de escape en que se constituye internet para la difusión de chanchullos y opiniones. La investigación se convierte en un paseo guiado por la sociedad moderna de Shanghai, sin olvidar nunca su historia, y por los bastidores de un poder totalitario que obliga al equilibrismo sutil y lleno de tacto de Chen Cao, quien avanza a pesar de la tendencia oscurantista del régimen. No hay que ser muy perspicaz para percibir que, más allá de los perpetradores individuales, el verdadero criminal es el sistema y la incógnita es cómo y por qué murieron los muertos.
La lectura de la prosa de Qiu Xiaolong, por todo lo expuesto, merece ser contada dentro de los placeres finos de la narrativa negra y de la literatura en general.

-Ya hemos llegado. Esto es Lanting -anunció Chen-. Wang y el resto de poetas se reunieron junto a este arroyo para jugar a un juego relacionado con el vino y la poesía.
-¿Un juego relacionado con el vino?
-Los poetas echaban tazas de vino a la cabecera del arroyo para que bajaran empujadas por la corriente. Si una taza se detenía frente a uno de los poetas, éste debía componer un poema. Si no lo conseguía, tenía que beberse tres tazas como castigo. Luego recopilaron todos los poemas y Wang compuso un prólogo. Debía de estar muy borracho mientras blandía su pinscel inspirado por una escena tan exquisita. Ese prólogo consitutuye el apogeo de su caligrafía.
-Es increíble.
-Muchos años después, durante la dinastía Tang, Du Mu escribió un poema sobre la misma escena.

Lamentablemente, no podemos frenar el fluir del tiempo.
¿Por qué no, entonces, disfrutar del juego del vino junto al arroyo?
Las flores se abre, indiferentes, año tras año.
No te lamentes de que se marchiten, sino de que florezcan.

Calificación: excelente
Editado por Tusquets, Buenos Aires, 2014, ISBN 978-987-670-220-1
Título original: Enigma of China
Traducción: Victoria Ordóñez Diví

A confissão da leoa, Mia Couto

Couto
Couto
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El escritor mozambiqueño también es biólogo y ejerce su profesión en una empresa. “También soy un hombre serio”, bromeaba al respecto en una entrevista que compartía con José Eduardo Agualusa, un compadre literario de Angola. Lo cierto es que, a causa de su trabajo, debió apersonarse en una zona muy apartada del país donde los leones estaban matando gente, especialmente mujeres. Junto a él iba el cazador. La inquietud que le provocó a Couto la situación fue la que desencadenó la narrativa. Eso sí, la aventura se juega en el terreno de las psicologías de los personajes, de la dinámica de una aldea perdida que de algún modo representa el alma africana y del lenguaje poético del autor.
La novela cuenta con dos narradores. Mariamar, una joven de la aldea, y Arcanjo Baleiro, el cazador que ha sido contratado para matar los leones o, mejor dicho, las leonas. A través del relato de la primera se observa el temblor social desde adentro, especialmente desde el lugar más débil, que es el de la mujer, objeto de todas las violencias imaginables. Arcanjo Baleiro, cuyo nombre significa algo así como “Arcángel Baleador”, lleva, al igual que Mariamar, un diario en el cual va dejando asentada su visión del asunto, que se funde inevitablemente con su peripecia familiar. El mecanismo de narrar es similar al de Terra Sonâmbula, donde son los personajes que escriben sus propias historias, de manera que la subjetividad se pone en primer plano y se logra una gran profundidad. Además, el intercalado de los relatos, que además son breves, favorece el ritmo de la lectura. Aparece un personaje en segundo plano que es Gustavo Regalo, un escritor que es un claro álter ego de Couto, quien se observa desde los ojos del cazador con ojos críticos que lo miden todo el tiempo, donde se hace evidente la problematización que el autor hace de su propia figura. y del rol del escritor.
La peripecia crucial de la cacería termina siendo otra cosa. La existencia de los leones llega a ser puesta en duda o, al menos, cuál es el origen o el carácter de estos. Existe la posibilidad de que los animales sean reales o creados por algunas personas, se habla de que algunos pueden crearlos. Y se funde lo animal con lo humano, al punto de que los personajes se sienten leones o los leones podrían ser personas. O, más metafóricamente, la violencia de los depredadores, dirigida mayoritariamente hacia las mujeres, es más bien una violencia cultural, tanto por la sombra omnipresente de la guerra que asoló el país como por la estructura social que aplasta al universo femenino, que debe ser reivindicado:

Deus já foi mulher. Antes de se exilar para longe da sua criação e quando ainda não se chamava Nungu, o atual Senhor do Universo parecia-se como todas as mães deste mundo. Nesse outro tempo, falávamos a mesma língua dos mares, da terra e dos céus. O meu avô diz que esse reinado há muito que morreu. Mas resta, algures dentro de nós, memória dessa época longínqua. Sobrevivem ilusões e certezas que, na nossa aldeia de Kulumani, são passadas de geração em geração. Todos sabemos, por exemplo, que o céu ainda não está acabado. São as mulheres que, desde há milénios, vão tecendo esse infinito véu. Quando os seus ventres se arredondam, uma porção de céu fica acrescentada. Ao inverso, quando perdem um filho, esse pedaço de firmamento volta a definhar.

Si bien la vida de los personajes llega a ser durísima, tanto que los sitúa en la frontera del desequilibrio mental (algunos del lado de allá y otros de acá), brilla en ellos el deseo de vivir, asociado tanto al amor como a la capacidad de contar la propia peripecia (en especial, de escribirla). La novela, en general, deja abierta la posibilidad de la esperanza. Acaso a este ánimo lo insufle la intensa calidad poética de la prosa, de tono mítico muchas veces, síntesis realista de las miradas de ese mundo. A estas alturas, Mia Couto tiene en mí un adicto.

Hoje sei quanto foi certo ter guardado para mim essa missivas. Na realidade, Arcanjo Baleiro teria suspeitado, caso recebesse cartas escritas por mim. Em Kulumani, muitos se admiram da minha habilidade de escrever. Numa terra em que a maioria é analfabeta, causa estranheza que seja exatamente uma mulher que domina a escrita. E pensam que aprendi na Missão, com os padres portugueses. A minha escola, de facto, nasceu antes: aprendi a ler foi com os animais. As primeiras histórias que escutei falavame bichos selvagens. Fábulas me ensinaram, a vida inteira, a distinguir o certo do errado, a destrinçar o bem do mal. Numa palavra, foram os animais que começaram a fazer-me humana.

Calificación: excelente
Editado por Caminho, Portugal, 2012, 270 págs.
ISBN: 978-972-21-2567-3

Bom dia camaradas, Ondjaki

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Ondjaki
Ondjaki

Ondjaki, nacido Ndalu de Almeida, es un escritor angoleño que se acerca a los treinta y siete años y lleva ya un recorrido destacado en la literatura africana, si se hace un corte geográfico, y en las letras portuguesas, si se considera la lengua. El libro que nos ocupa ahora fue editado en Uruguay por Banda Oriental, lo cual no deja de ser un hecho destacable ya que abre la ventana a unas letras y unas vidas que para nosotros suelen ser ignoradas con toda calma. Por lo que leí en las primeras páginas de esta edición uruguaya, la traducción era buena. No obstante, opté por el texto original, lo cual siempre recomiendo a cualquiera que se tenga un mínimo de fe para el portugués, especialmente en casos como este, en los que resulta de especial interés qué ha pasado con la lengua en su contacto con sus vecinas africanas.
La narración se compone de capítulos breves y vivos a cargo de la mirada de un niño cuya situación social se percibe como bastante acomodada. Se ha dicho que la historia tiene fuertes trazos autobiográficos y que el gurí no es otro que el propio autor, lo cual no es difícil de ver desde las propias dedicatorias del libro, donde figuran los nombres de los que después serán los personajes. Este niño tiene unas experiencias infantiles que oscilan entre la escuela y su casa, además de algunos paseos por Luanda, la capital, ciudad cuyas historias resultan muy caras al autor, que hoy la recuerda desde su residencia en Brasil. En casa, está el “camarada António”, un sirviente madrugador que añora el pasado colonial, un personaje muy bien trazado con aires de símbolo, con la capacidad de ser la voz que le transmita al niño las historias de un pasado del cual el discurso oficial se desentiende. El resto de la familia aparece más bien como un conjunto de extras, a no ser por la anhelada visita de la tía que viene de Portugal, con lo que se establece la necesidad de la mirada ajena (o de mirar hacia afuera), de contrastar una realidad muy estructurada por el régimen de orientación comunista. Esta rigidez se observa especialmente en el discurso (de ahí la utilización indiscriminada del término “camarada”, sobre el cual necesariamente se ironiza) y en las prácticas sociales, rubro particularmente visible en la vida escolar, así como en los hábitos económicos, de los que son un fuerte indicador las tarjetas de racionamiento.
Las descripciones de la sociedad, a través de unos ojos que todo lo están aprendiendo, terminan por ser una crítica firme a un régimen autoritario y militarizado en medio de una sociedad violenta y armada en la que todos temen ser atacados, incluso los niños en la escuela. Este temor propicia algunas de las mejores escenas del libro, como cuando los niños huyen en estampida al ver una polvareda que se acerca o cuando el niño y su tía se cruzan con la delegación presidencial.
La historia no está exenta de ternura y humor, suscitados especialmente por los profesores cubanos de la escuela, que son observados como unas personas muy valientes y de cierto modo ingenuas y, por momentos, aun más carenciadas que los propios angoleños. Estos forman parte de la ayuda del gobierno cubano y, pese a ser sostenes también del discurso oficialista, rezuman buenas intenciones y cariño desde la mirada infantil. No falta el trazo que esboce la situación de pobreza en la que se encuentran sumidos algunos sectores de la sociedad, particularmente a través de la figura de un niño que no sabe leer en cuya casa todos los hermanos se turnan para dormir los días de lluvia.
La narración discurre ágil gracias a los capítulos breves y la prosa fresca y los préstamos lingüísticos africanos confieren un atractivo especial al lenguaje, amén de ser muy efectivo para situarse en el lugar infantil. El libro es breve, uno se queda con ganas de seguir leyendo al autor y esto, en Uruguay, impone visitar los territorios del libro electrónico, como ocurrió en este caso.

Mas, camarada António, tu não preferes que o país seja assim livre?, eu gostava de fazer essa pergunta quando entrava na cozinha. Abria a geleira, tirava a garrafa de água. Antes de chegar aos copos, já o camarada António me passava um. As mãos dele deixavam no vidro umas dedadas de gordura, mas eu não tinha coragem para recusar aquele gesto. Servia-me, bebia um gole, dos, e ficava à espera da resposta dele.
O camarada António respirava primeiro. Fechava a torneira depois. Limpava as mãos, mexia no fogo do fogão. Então, dizia.
-Menino, no tempo do branco isto não era assim…
Depois, sorria. Eu mesmo queria era entender aquele sorriso. Tinha ouvido histórias incríveis de maus tratos, de más condições de vida, pagamentos injustos, e tudo mais. Mas o camarada António gostava dessa frase dele a favor dos portugueses, e sorria assim tipo mistério.
-António, tu trabalhavas para um português?
-Sim… –sorria. –Era um senhor diretor, bom chefe, me tratava bem mesmo…

NOTA: Tengo el libro electrónico, original, no pirateado. Cambio pelo a pelo por otros libros del autor, de Mia Couto o de José Eduardo Agualusa. Promoción no válida para integrantes del Club de Catadores, si lo quieren arreglamos por abajo de la mesa.

Calificación: muy bueno
Editado por Caminho, Portugal, 2001
ISBN: 9789722123761

Terra sonâmbula, Mia Couto

Couto
Couto
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Empecé a leer este libro en la edición que en Uruguay hizo Banda Oriental. Me atraparon rápidamente las primeras páginas, pese a lo cual algo hizo que no siguiera leyendo, tal vez algún otro libro se impuso, ya ni me acuerdo. Pero, de todos modos, me puse a investigar sobre su autor. Fue así que me topé con una larga entrevista de la que rescaté el dato de que el mozambiqueño de raíces portuguesas es un neologista compulsivo, como lo fuera el torrencial brasilero Guimarães Rosa. Entonces el libro cobró un nuevo interés: había que conseguirlo en su lengua original que, por si fuera poco, se prometía llena de africanismos.

Naquele lugar, a guerra tinha morto a estrada. Pelos caminos só as hienas se arrastavam, focinhando entre cinzas e poeiras. A paisagem se mestiçara de tristezas nunca vistas, em cores que se pegavam à boca. Eran cores sujas, tão sujas que tinham perdido toda a leveza, esquecidas da ousadia de levantar asas pelo azul. Aquí, o céu se tornara impossível. E os viventes se acostumaram ao chão, em resignada aprendizagem da morte.
A estrada que agora se abre a nossos olhos não se entrecruza com outra nenhuma. Está mais deitada que os séculos, suportando sozinha toda a distancia. Pelas bermas apodrecem carros incendiados, restos de pilhagens. Na savana em volta, apenas os embondeiros contemplam o mundo a desflorir.

En nada más que los dos párrafos iniciales se da cabalmente el tono del relato, donde resultará imposible desconectar unos elementos de otros. Aquí el ambiente, al estilo de las fotografías de los corresponsales de guerra, retrata a través de los restos cuál ha sido la peripecia humana, aparentemente de tal calibre que “hasta el cielo se había vuelto imposible.” No es menor el detalle de que el animal que se menciona es carroñero por antonomasia. Solo los baobabs parecen estar más allá de la carnicería, desde su posición de árboles totémicos, árboles templo, monumentos y mojones de la sabana africana. Solo ellos parecen ser los testigos de un mundo que “desflorece”. En este contexto hacen su aparición los personajes, un viejo y un niño que vagan por esa tierra asolada y que pronto se encuentran con los restos de un ómnibus incendiado, con todo y muertos.
Está claro que la guerra brutal vivida por Mozambique se cuela por todos los rincones, sin que pueda entenderse el relato en ausencia de esta. La guerra mata, desplaza y pone en tela de juicio todo lo que pudiera haber sido estable, aun cuando ese estado de equilibrio previo fuera una sociedad colonialista portuguesa, lo cual no representa nada especialmente halagüeño. La violencia se presenta a todos los niveles imaginables, de modo que los rasgos humanos se ven a través de la lupa de la persecución, la supervivencia (la del más débil y la del más fuerte) y las corrupciones. De todos modos, se hace imprescindible anotar que el valor de esta novela excede largamente la descripción, la denuncia o el compromiso social: late en ella la compulsión por contar historias. Y lo hace desde las voces de los africanos y su modo mítico de ver el mundo, que no tiene las divisiones de la realidad establecidas por los europeos. Así, muertos y vivos conviven –o “conmueren”-, vigilia y sueño son partes de una continuidad y los distintos niveles de ficción tienen inesperados vasos comunicantes. ¿Cuáles niveles de ficción? Podrían distinguirse uno A y otro B, siendo el primero la peripecia del niño y el viejo y el segundo la historia desgranada hoja tras hoja en los cuadernos de Kindzu, muy probablemente uno de los cadáveres que habitan el vehículo. Estos dos relatos no se explican el uno sin el otro. Y, especialmente en los cuadernos de Kindzu, las historias manan a borbotones.

Não mexia. Só ela sentia o navio ceder. Naquele destroço, o tempo parecia também naufragado. Nesse enquanto, fui um ouvidor. De cada vez que sofría uma dessas estranhas febres que lhe roubavam o corpo, Farida contava sua estória, fiava e desfiava lembranças. Eu escutava até anoitecer. Meu pai costumava dizer que a escuridão nos faz nascer muitas cabeças. Os relatos de Farida me faziam entrar no pasado dela como se eu fosse natural desse seu tempo. Minha companheira perdia a noção do mundo enquanto duravam suas recordações. Era eu que alertava para a fome, para a sede, para o frio. Comíamos e bebíamos da despensa do navio. Havia ainda demais reservas. Farida podía ficar aquí por tempos e tempos. E parecía era ese o desejo dela. E as estórias se seguiam, se repetiam, trocavam e multiplicavam.

En la cita anterior aparece la mujer, cuyo lugar es profundamente explorado a través de los relatos. Esta Farida, perseguida por una maldición supersticiosa y dueña de una belleza que perturba a Kindzu, ha adoptado como vivienda un barco encallado cuya carga se compone de unas ayudas humanitarias que nunca llegan, lo cual es otro síntoma del funcionamiento de la sociedad que se retrata. Ella es uno de los motores de la trama, repetidamente víctima de abusos y motivadora para Kindzu, que da sentido a su navegación cuando se propone buscar al hijo mulato que naciera tras una violación, un niño que acaso pueda ser visto como el símbolo de la nueva sociedad que emerge tras el colonialismo y la guerra.
El relato, o mejor dicho los relatos, se llevan con maestría y una fluidez que incita a la lectura y llega a un final emocionante. No obstante, el punto más alto de la obra es el lenguaje, no solo por su mirada poética onírica (no olvidemos el título) sino por el trabajo de creación del que es objeto, especialmente patente en la abundancia de neologismos que lo dotan de una densidad especial y necesaria para la creación del mundo. Reivindico entonces la creación de palabras en la literatura porque, a mí en particular, me remite a mis primeras experiencias como lector, cuando debía deducir los significados de las palabras, tomarles la temperatura y el gusto, aprenderlas y aprehenderlas. En definitiva, la excelencia del trabajo estilístico de esta novela remite a un goce literario que aúna la lectura del adulto y la del niño que uno siempre es. Además me permito aventurar que, en lo sucesivo, deberemos ver a Mia Couto dentro de los nombres más destacados de la literatura del mundo.

Me encostei a um tronco, a casca me almofadando o rosto, na espera de ouvir a seiva da terra. Mas a árvore onde  eu me frescava era uma terrível e ossuda planta: a árvore do demonio. Era uma dessas plantas que chora como a serpente, um lamentochão que atrai gentes e bichos. Só então reparei: o terreno todo em volta era branco, areia tão brilhosa que a noite ali nunca deveria repousar. Motivo daquela brancura: todos ossos que dormiam, restos de bichos devorados, esqueletos dos pássaros que caíam já mortos dos ramos da maldiçoada árvore.

(Me parece que el lenguaje de las citas es bastante transparente. De todos modos, si algún lector necesitare traducciones, basta pedirlo.)

Calificación: excelente
Editado por Leya, Portugal, 2013 (la primera edición fue de Editorial Caminho, 1992)
ISBN: 978-972-20-3678-8

Muerte y vida del sargento poeta, Martín Bentancor

Bentancor
Bentancor
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El libro que nos ocupa
empieza bajo el mormazo,
ese término lindazo
que en sus sonidos agrupa
un calor peor que la culpa
y humedad al cien por ciento,
la cosa es que empieza el cuento
envuelto en ese pegote
donde es natural que brote
un jedor de lo más cruento.

Se presenta al narrador,
a la sazón personaje
con pluma por equipaje.
Ha instalado Bentancor
para ponerle color,
como Serafín García
con su infame Zipitrías,
a un efectivo escribiente
de graduación incipiente
dentro de la policía.

En la parte del comienzo
se siente el balido fuerte
del perfume de la muerte,
es como un llamado intenso
que poco tiene de extenso
y es de prosa bien sucinta,
jamás abusa de fintas
o rarezas del estilo,
es fácil seguirle el hilo
al verbo del cagatintas.

El campo es el escenario
que surcan los personajes
en su funebrero viaje,
se siente el suelo canario
aportando de su erario
pa las letras de un buen hijo,
que es muy sencillo y prolijo
cuando boceta su tierra,
cuando el arado le entierra
y alumbra sus entresijos.

No contaré en mi reseña
lo que encuentran en el rancho,
yo no soy de esos caranchos
que a los misterios desdeñan,
le entrego nomás la leña
para que prenda su fuego,
la narración es un juego
de esconder y de mostrar,
hay tiempo para dejar
los detalles para luego.

La cosa es que allí aparece
una empolvada libreta,
¿era del Sargento Poeta
o era el documento ese
que el escribiente leyese
propiedad de otra persona?
No era de Doña Petrona,
se los puedo adelantar,
lo que le puedo infomar
es que a la prosa destrona.

Porque desde ese momento
a las riendas de la historia
las sostienen con gran gloria
unas décimas de viento
que le hacen volar los tientos
al recao de los lectores,
hay pocas cosas mejores
que escuchar un cuento en versos,
de pronto estamos inmersos
en trotes de payadores.

Corresponde la mención
de que Martín Bentancor
es hijo de un payador
y borda con emoción
la bien criolla tradición
de acollarar consonancias
para matar la distancia
entre el hoy y los ayeres,
sus décimas son talleres
que reparan la elegancia.

En milonguero camino
el cerrillense derrama
las más valederas ramas
como el Boliche Peisino
donde se escanciaba el vino
en batallas de cantores
que buscaban ser los mejores
batidos en contrapunto,
historias de amigos juntos,
o de distantes amores.

Yo sigo en mi tesitura
de no contarles la trama,
solo les digo que hay drama
y entra en juego la amargura
aunque también la ternura
se deja oler en la historia,
se pegan en la memoria
algunas cosas que pasan
y el que la lee se solaza
con la payada y su gloria.

Un apunte interesante
es que es el escribiente,
ese de cargo incipiente,
autor contante y sonante
de esas décimas brillantes,
a la vez originadas
en las cosas apuntadas
de modo bastante exiguo
en aquel bloccito antiguo
de palabras encordadas.

Tras el inusual recurso
en nuestra literatura,
que con la rima es muy dura,
torna la prosa a su curso,
a un humoroso discurso
que, a la manera de glosas,
vuelve a sus puestos las cosas,
como aquietando las aguas
o volviendo las enaguas
a las ancas de la moza.

Se va bajando al silencio
tras la muestra de talento,
se va apagando el portento,
y es preciso ser muy necio
para negar justiprecio
al rescate fresco y nuevo
de un arte del medioevo
como es el cantar contando
o el inventar recordando
a los bardos más longevos.

Empezó a escribir sus versos
en el papel de pitar
sin que el acto de rimar
le significara esfuerzo.
Cuando llenaba el anverso
seguía por el revés
y ocurrió más de una vez
(aunque esto parezca mofa)
que se fumó alguna estrofa
reescribiéndola después.

Un cabo conversador
de apelativo Gambetta,
fue del sargento poeta
primer y único lector.
Con esforzado rigor
sus versos analizaba
y si en la rima encontraba
algún punto disonante
lo señalaba al instante
en un bloc gris que llevaba.

Calificación: muy bueno
Ediciones de la Banda Oriental, 2013
ISBN: 978-9974-1-0849-3

Ur, Leandro Delgado

Entre los cerros había una laguna. El sol atravesaba los árboles y los árboles atravesaban las nubes. Caía un polvo, tan lentamente, que parecía quieto.
Este paisaje se desvanecía en el aire, era casi transparente, porque todo eso no existía sino en un futuro extremo o en un pasado que, en cualquier caso y momentáneamente, hacía contacto con el presente en un diálogo entre épocas lejanas que eran una cavilación de la naturaleza.

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Delgado
Delgado

Así comienza el libro, con esta “Introducción anónima”, con la cual la voz que narra da la clave que, cual fractal, se expandirá y reducirá durante el relato. Había empezado ya con las sugerencias desde el propio título, portador de una fuerza inversamente proporcional a lo breve si se considera su obvio parecido al nombre del país y su identidad con la ciudad sumeria de Ur, lugar arqueológico donde campean los zigurats, tan similares a alguna pirámide crucial que hará su aparición en el relato del escritor uruguayo. La noción de tiempo se respirará durante todo el transcurso de la prosa, cuestionada, retorcida o considerada a la luz de la hipotética contracción del universo y sus consecuencias en las cosas y los seres. El otro elemento omnipresente es la naturaleza, de importancia vital en la construcción de las escenas, donde se reconocen o intuyen paisajes muy propios de nuesta geografía, aunque pasados por el tamiz del extrañamiento, ubicadas algunas especies donde otrora hubiera asfalto, desertificados acaso ciertos ambientes.
Los protagonistas son Simone, una nave consciente y blanca, el capitán, un clon rojo, unas hermanas siamesas unidas por sus manos, un gigante y, luego, una vaca consciente. Queda claro que no hay intenciones realistas sino más bien alegóricas o conceptuales, sin desdeñar el absurdo. El clon, así como otros personajes secundarios subsiguientes, evidencia un estadio civilizatorio previo donde se ha hecho uso y abuso de la ingeniería genética del modo más caótico, lo cual ha producido un montón de especies nuevas, amén de la huida de los humanos. Se advierte en esto una alusión a los debates bioéticos que ocurren por estos días, sin caer en el facilismo apocalíptico sino más bien dándole una mirada más bien humorística y algo nihilista. Se percibe, por esto y por lo ya mencionado, que el autor ha sido un consumidor ávido de las ciencias, lo que lo aproxima al terreno de la ficción científica. No encasillaría, sin embargo, a esta novela dentro del género de ciencia ficción. Diría, más bien, que se sirve de ciertas ideas para darle un apoyo a su narrativa, que probablemente haya abrevado en las aguas de Bradbury.
Volviendo a los personajes, hay que decir que gozan de unas psicologías complejas, que se exploran en el correr del relato y que son, al mismo tiempo, muy humanos, un poco sobrehumanos y otro poco caricaturas. A esta sensación probablemente la refuerce la aparición de unas ilustraciones minimalistas y muy eficientes de G. D. Galiana. Sus historias transcurren durante un viaje que al principio parece turístico y termina siendo existencial y, a partir del momento en que se sepran, son alternadas a un ritmo que insta al lector a seguir devorando páginas para ir de novedad en novedad. Es decir, tiene consideración hacia los lectores, que no suelen apreciar el sinsentido o la incoherencia que tal vez algunos vean como señales de rupturismo y genialidad. Estas novedades, amén de ser hechos narrativos, también lo son desde el punto de vista de la prosa, de una notable espesura poética, y de la ya mencionada red conceptual que late en la historia. Toda esta verbosidad no excluye los guiños al dialecto uruguayo y un humor inteligente que ataca cuando menos se lo espera. El libro, por lo tanto, es un tanque de oxígeno de imaginación para la literatura del país, y para imaginarse el país de otras formas. Constituye también una demostración de la ductilidad del escritor, que aquí adopta temas y formas muy distintas a las que se podían encontrar en su “Adiós Diomedes” y sus posteriores “Cuentos de tripas corazón”.

La extensión del territorio estaba surcada por grafías de incalculable variedad, en todas las direcciones y cuerpos posibles, estampadas de arriba abajo y de derecha a izquierda, en espirales a veces, otras esfumándose en las opacas profundidades, más bien al revés, brotando de una profundidad indecible a una velocidad que no pasaba desapercibida al ojo de cualquier vertebrado.
Los textos más superficiales se podían leer más nítidamente como es obvio y la superficie estaba cubierta de un fino cristal indestructible por lo cual los visitantes, y también el capitán, resultaban patinadores torpes sobre la pista ilustrada.
A escalas cada vez menores, se podía ver cómo la superficie generaba textos hasta el grado último de la construcción de la materia. Era posible que un átomo pudiera ser una letra conectada a otras por valencias, como guiones, por poner el caso. Pero nadie parecía advertir esta maravilla.

Calificación: muy bueno
Editado por Hum, Montevideo, 2013, 212 págs.
ISBN: 978-9974-699-46-5

Olhai os lírios do campo, Erico Verissimo

Verissimo
Verissimo
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Eugênio Fontes es un médico de origen paupérrimo que carga con un complejo de inferioridad social. Gracias al sacrificio de su familia, y el suyo, logra concluir su carrera y empieza a ejercer. Se enamora de Olívia, médica como él, y se casa, de modo inexplicable, con Eunice, de familia adinerada. Resuelve, luego de la muerte de la primera, tomar las riendas de su vida, despojarse de todo lo superfluo y dedicarse a un ejercicio social de la medicina. Esto sucede al influjo de la figura de su amada extinta y de las cartas que esta le escribiera y nunca le enviara, las cuales lee tras su deceso, momento en que debe hacerse cargo de la hija que ambos tuvieran y él conociera ya crecidita.
Estaba pensando en el libro, en su construcción, en los valores que lo vertebran, en la complejidad de los personajes. Y me encontré en el prólogo de 1966, veintiocho años después de la primera edición, que Erico Verissimo pensaba punto por punto lo que yo iba a escribir. Decía el autor que la novela tuvo tanto éxito que, a partir de ella, se reeditaron sus obras anteriores y que pudo hacer carrera en la literatura. Y después hacía un análisis con el que me sorprendí concordando punto por punto.

Como explicar o éxito deste libro? Talvez se deva à sua natureza romântica e ao fato de ter uma “intriga”. Olívia transformou-se numa espécie de ídolo dum vasto público, feito principalmente por mulheres. Suas cartas passaram a ter para muita gente um sabor evangélico.
Confesso, entretanto, que não tenho muita estima por este romance. Acho-o hoje um tanto falso e exageradamente sentimental. Sua popularidade às vezes chega a me deixar constrangido.
Vejamos claramente o que tenho contra ele. Para principiar, a construção. A primeira parte é intensa e cheia dum interesse que jamais enfraquece. Na segunda, porém, esse interesse declina, e a história se dilui numa série de episódios anedóticos sem unidade emocional. Eu mesmo já tratei de justificar esse defeito dizendo que a vida no fim de contas é assim, isto é, não se trata de algo simétrico e arrumado como nos romances bemfeitos. A verdade é que nem eu mesmo consegui aceitar a validade de meus própios argumentos.
A dedicação, o altruísmo e a nobreza de Olívia me parecem inumanos. Não convencem. Pouco convincente também é a covardia de Eugênio.

Traducción:

¿Cómo explicar el éxito de este libro? Tal vez se deba a su naturaleza romántica y al hecho de tener una “intriga”. Olívia se transformó en una especie de ídolo de un vasto público, compuesto principalmente por mujeres. Sus cartas pasaron a tener para mucha gente un sabor evangélico.
Confieso, no obstante, que no tengo mucha estima por esta novela. La encuentro hoy en día un tanto falsa y exageradamente sentimental. Su popularidad a veces llega a avergonzarme.
Veamos claramente lo que tengo en su contra. Para comenzar, la construcción. La primera parte es intensa y la historia se diluye en una serie de episodios anecdóticos sin unidad emocional. Yo mismo intenté justificar este defecto diciendo que la vida al fin de cuentas es así, es decir, no se trata de algo simétrico y arreglado como en las novelas bien hechas. La verdad es que ni yo mismo conseguí aceptar la validez de mis propios argumentos.
La dedicación, el altruismo y la nobleza de Olívia me parecen inhumanos. No convencen. También es poco convincente la cobardía de Eugênio.

Transcrito el comentario del escritor, restaría agregar que el mayor atractivo que tiene es su prosa, siempre fluida y efectiva. También habría que haber vivido en los años treinta para calibrar el impacto del libro en la literatura del Brasil de la época. Claramente no estuve allí. Las líneas generales del pensamiento que el autor deja ver en las palabras de Olívia me son muy gratas y las comparto. Creo que preservan su valor.
Este libro está lejos de los otros que llevo leídos de este gran escritor gaúcho. Para mí valió la pena leerlo como un capítulo más en el tránsito por una gran obra y como una visita a una especie de antepasado bueno e inteligente.

Calificación: regular
Companhia das letras, São Paulo, 2005
ISBN: 978-85-359-0609-7

Una llama misteriosa, Philip Kerr

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Kerr
Kerr

Philip Kerr es un escritor escocés que saltó a la fama por su serie Berlin Noir en la que actúa su detective Bernie Gunther. Este es el quinto libro de la saga.  Cabe la aclaración sobre la nacionalidad del autor ya que la acción se desarrolla íntegramente en escenarios argentinos y alemanes. Gunther arriba en 1950 a Buenos Aires dentro de la corriente de refugiados nazis acogidos por el gobierno de Perón. Rápidamente el lector es informado por el narrador protagonista de su disidencia respecto a los propios criminales de guerra. Él ha caído en la misma bolsa a causa de una confusión de identidad. Piensa distinto y se sabrá, más adelante, que nunca ha adherido a la ideología nacionalsocialista ni a sus prácticas, si bien ha tenido que desempeñarse en alguna rama de las SS. La novela corre en dos tiempos que se retroalimentan, ya que la peripecia argentina de los cincuenta guarda una estrecha relación con lo ocurrido en una Alemania que vive los tensos tiempos previos a la asunción del poder por parte de Hitler y los suyos. El detective, en esos tiempos, era un detective de la Kripo (algo así como Homicidios) en Berlín, una época retratada como pletórica de prostitución, vicio y tramas turbias que involucran a nazis y comunistas, prohibidos al principio los primeros y perseguidos por estos los segundos. La escena se presenta al lector a través de los ojos cáusticos de Gunther, que se deshace en ironías agudas y muy divertidas sobre la política del momento. La crítica frontal del detective es un rasgo omnipresente que conservará en su posterior actuación sudamericana.
La llegada a Argentina retrata descarnadamente el régimen de Perón y Evita y sus vínculos con el fascismo. Llama la atención la documentación que evidencia, la cual le permite unas descripciones cargadas de críticas descarnadas y mordaces del estilo de gobierno peronista, sin excluir una vista aérea del Río de la Plata mientras caen opositores al agua, amén del relato de las actividades de los alemanes en suelo argentino.
La investigación que ocupa a Gunther surge a partir de una muerte muy similar a algunas que habían ocurrido en Alemania (espeluznante, por más datos). El protagonista es asimilado a la policía secreta del gobierno peronista. Y la trama adopta, a partir de ello, el color de las novelas de espionaje, donde es regla la mentira y la traición en un ambiente donde no se conocen las lealtades.
El libro no decae en ningún momento en su calidad, tanto en la calidad de la reconstrucción de época como en la tensión de la trama, además del ya mencionado talante del detective. El elemento sexual se hace presente de varias maneras, en algún caso a muy alto nivel. Dan ganas de leer a Kerr exhaustivamente.
Como nota nacionalista, me resultó muy sorpresivo encontrar varias alusiones a Uruguay durante el relato, como sucede ya en la primera página, aun cuando cabe anotar que cuando nombra al presidente uruguayo de la época dice “Luis Berres” (la observación es de alguien que sabe escribir mal los nombres en alemán).

Arribamos al puerto de Buenos Aires por el grisáceo río de la Plata (sic), circunstancia que nos dio ocasión de reflexionar, a mis dos compañeros de viaje y a mí, sobre la soberbia historia de la armada invencible alemana. En las profundidades del río, cerca de Montevideo, se encontraban los restos del Graf Spee, un acorazado de bolsillo invenciblemente hundido por su capitán en diciembre de 1939, para impedir que cayese en manos de los británicos. Según parece, fue el momento en que más se acercó la guerra a Argentina.

Calificación: Muy bueno
Título original: A quiet flame
Traducción al español de Marta Pino Moreno
Editado por RBA, Barcelona, 2009
ISBN: 978-987-609-148-0